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Tu empresa gana dinero, pero ¿es realmente financiable?

Carlos Rebollo

Tener beneficios no garantiza conseguir financiación. Descubre qué analiza un banco en la liquidez, deuda, cobros y capacidad de pago de tu pyme.

Tu negocio es rentable, las ventas crecen y estás pensando en pedir un préstamo para seguir avanzando. Pero ¿sabes qué mira realmente un banco antes de prestarte dinero?

Imagina que diriges una pyme que factura 600.000 € al año y obtiene un beneficio de 60.000 €. El negocio funciona, tienes clientes y ha llegado el momento de invertir para seguir creciendo.

Vas al banco, presentas tus cuentas y esperas una respuesta positiva. Al fin y al cabo, tu empresa gana dinero.

Sin embargo, el banco no lo ve tan claro.

¿Por qué? Porque tener beneficios no significa necesariamente que tu empresa pueda asumir más deuda.

Y aquí está una de las diferencias más importantes entre cómo muchos empresarios valoran la salud de su negocio y cómo la analiza una entidad financiera.

Dos empresas, los mismos beneficios y una gran diferencia

Vamos a verlo con un ejemplo.

Tenemos dos empresas del mismo sector. Ambas facturan 600.000 € anuales y obtienen 60.000 € de beneficio neto. Si únicamente mirásemos su cuenta de resultados, podríamos pensar que están en una situación muy parecida.

Pero veamos qué ocurre cuando analizamos sus finanzas con un poco más de detalle.

Indicador

Empresa A

Empresa B

Facturación anual

600.000 €

600.000 €

Beneficio neto

60.000 €

60.000 €

Dinero disponible en el banco

90.000 €

12.000 €

Deuda financiera pendiente

40.000 €

180.000 €

Pagos anuales de deuda

12.000 €

42.000 €

Plazo medio de cobro

30 días

90 días

Ejemplo ilustrativo con datos ficticios.

Ahora la situación cambia bastante, ¿verdad?

La empresa A dispone de más liquidez, tiene menos deuda y cobra antes a sus clientes.

La empresa B, por el contrario, necesita esperar tres meses para cobrar sus ventas, tiene menos dinero disponible y debe destinar una parte importante de sus recursos a devolver préstamos anteriores.

Imagina que uno de sus principales clientes se retrasa un mes en pagar. ¿Cuál de las dos empresas crees que estará mejor preparada para seguir pagando nóminas, proveedores y cuotas bancarias?

Las dos empresas ganan lo mismo, pero no tienen la misma capacidad para afrontar sus obligaciones.

Eso no significa que el banco vaya a aprobar automáticamente la financiación de la empresa A y rechazar la de la B. Hay muchos otros factores que intervienen en una decisión de crédito.

Pero explica por qué analizar únicamente el beneficio puede darnos una imagen incompleta de la situación financiera de un negocio.

¿Qué mira realmente un banco cuando le pides financiación?

Aunque cada entidad tiene sus propios criterios y modelos de riesgo, hay varios aspectos que suelen tener especial importancia.

1. ¿Generas dinero o simplemente estás facturando?

Esta es probablemente una de las preguntas más importantes.

Puedes cerrar una venta de 30.000 € hoy y no cobrarla hasta dentro de 90 días. Contablemente, esa operación puede generar ingresos y beneficio, pero el dinero todavía no ha llegado a tu cuenta.

Mientras tanto, tus empleados, proveedores y demás gastos siguen esperando su pago.

Por eso los bancos prestan atención a la capacidad de tu negocio para convertir sus ventas en dinero disponible.

No basta con vender mucho. También importa cuánto tardas en cobrar, cuánto necesitas gastar para mantener la actividad y qué parte del dinero generado queda realmente disponible.

2. ¿Cuánta deuda puedes permitirte?

Supongamos que tu empresa genera 75.000 € al año de caja disponible para devolver préstamos y pagar intereses.

Actualmente, debes destinar 50.000 € anuales a esas obligaciones.

Eso significa que generas 1,50 € por cada euro que tienes que pagar.

En términos financieros, estaríamos hablando de un DSCR de 1,5, un indicador que relaciona el flujo de caja disponible con los pagos de principal e intereses.

No necesitas memorizar estas siglas. Lo importante es entender la pregunta que hay detrás:

Después de pagar los gastos necesarios para mantener tu negocio, ¿te queda dinero suficiente para devolver lo que debes?

Y, sobre todo, ¿seguiría siendo así si las ventas bajaran o los costes aumentaran?

Un resultado superior a 1 indica que existe cobertura de los pagos según las hipótesis utilizadas, pero no garantiza que un banco apruebe la operación.

3. ¿Cuánto dependes de cobrar a tiempo?

Volvamos al ejemplo de la empresa B.

Sus clientes pagan a 90 días, pero imaginemos que sus proveedores exigen el pago a 30 días.

Esto significa que la empresa debe encontrar la forma de financiar el período que transcurre entre ambos momentos.

Cuanto más crezca su actividad, más dinero podría necesitar para cubrir ese desfase.

Es una situación bastante habitual: tu empresa vende más, pero cada mes parece que necesita más dinero para funcionar.

Aquí entra en juego la gestión del capital circulante, que no es otra cosa que controlar los recursos que tu negocio necesita para mantener su actividad diaria.

4. ¿Son estables tus ingresos?

Imagina dos negocios que facturan 500.000 €.

El primero tiene una cartera amplia de clientes que compran regularmente. El segundo depende de dos grandes contratos que representan el 80 % de sus ventas.

Aunque sus resultados sean similares, sus riesgos son diferentes.

¿Qué pasaría si uno de esos dos clientes decidiera cambiar de proveedor?

Por eso es importante conocer cuánto depende tu facturación de determinados clientes, si tus ingresos son recurrentes y cómo evoluciona la demanda a lo largo del año.

Un buen resultado puntual no siempre es suficiente para demostrar que podrás mantenerlo en el futuro.

5. ¿Cómo has gestionado tus obligaciones hasta ahora?

Los bancos también revisan tu endeudamiento existente y tu historial financiero.

En España, por ejemplo, las entidades pueden consultar la información de riesgos crediticios recogida en la CIRBE del Banco de España.

Pero no todo se reduce a consultar una base de datos.

Tus cuentas anuales, la evolución del negocio, los compromisos pendientes y la información que puedas aportar sobre tu actividad ayudan a construir una imagen más completa de tu empresa.

El problema de pedir financiación cuando ya necesitas el dinero

Imagina ahora que tu empresa acaba de conseguir un contrato importante.

Es una buena noticia: más ventas, nuevos clientes y la oportunidad de crecer.

Pero para cumplirlo necesitas comprar materiales, contratar personal y afrontar varios meses de gastos antes de recibir el primer cobro.

Si no has previsto esa necesidad, puede que termines buscando financiación cuando tu tesorería ya está bajo presión.

Y ese no suele ser el mejor momento para empezar a comparar ofertas, negociar condiciones o decidir qué tipo de financiación necesita tu empresa.

La alternativa es sencilla en concepto, aunque requiere cierta disciplina: anticipar cuándo vas a necesitar dinero y cuánto necesitarás.

Una previsión de tesorería de las próximas 13 semanas, por ejemplo, permite visualizar los cobros y pagos previstos y detectar con antelación posibles tensiones de liquidez.

No hace que desaparezcan los problemas, pero te da tiempo para tomar decisiones antes de que se conviertan en urgencias.

Cómo preparar tu empresa antes de acudir al banco

La buena noticia es que mejorar tu situación financiera no siempre requiere aumentar las ventas.

Hay varias medidas que puedes empezar a aplicar:

Revisa cuánto tardas en cobrar. Si tus clientes pagan a 90 días, estudia si puedes reducir ese plazo, mejorar el seguimiento de facturas o negociar condiciones diferentes.

Ten claro cuánto debes y cuándo debes pagarlo. No basta con conocer la deuda total. Necesitas saber qué importes vencen cada mes y cómo afectan a tu tesorería.

Prepara una previsión de caja. Incluye los cobros previstos, los gastos operativos, los impuestos, las inversiones y las cuotas de tus préstamos. Así podrás detectar necesidades antes de que aparezcan.

Comprueba qué pasaría si las cosas no salen como esperas. ¿Podrías mantener los pagos si tus ventas disminuyeran un 15 %? ¿Y si tu principal cliente se retrasara 30 días?

Mantén tus indicadores financieros actualizados. No esperes al cierre anual para descubrir cómo está evolucionando tu rentabilidad, liquidez o endeudamiento.

No se trata de preparar unas cuentas bonitas para enseñar al banco. Se trata de conocer tu negocio lo suficientemente bien como para saber cuánto puedes invertir, cuánto puedes financiar y qué riesgos puedes asumir.

La financiación empieza antes de entrar en una oficina bancaria

Volvamos por última vez a nuestras dos empresas.

Ambas obtenían 60.000 € de beneficio. Sin embargo, una tenía más liquidez, menos deuda y mayor capacidad para afrontar imprevistos.

La diferencia no estaba en cuánto vendían, sino en cómo gestionaban sus recursos financieros.

Y precisamente ahí es donde el controlling financiero puede marcar la diferencia.

No se trata únicamente de saber cuánto has ganado. Se trata de entender por qué has ganado esa cantidad, dónde está tu dinero y qué decisiones puedes permitirte tomar.

En Financiae ayudamos a pymes y autónomos a tener esa visión mediante el análisis de rentabilidad, el control de tesorería y la planificación financiera.

Porque cuando conoces tus números y puedes anticiparte a lo que viene, no solo estás mejor preparado para solicitar financiación.

También estás mejor preparado para dirigir tu empresa.

Si quieres conocer mejor la situación financiera de tu negocio y empezar a tomar decisiones con mayor claridad, solicita una consulta gratuita.


Tener beneficios no garantiza conseguir financiación. Descubre qué analiza un banco en la liquidez, deuda, cobros y capacidad de pago de tu pyme.

Tu negocio es rentable, las ventas crecen y estás pensando en pedir un préstamo para seguir avanzando. Pero ¿sabes qué mira realmente un banco antes de prestarte dinero?

Imagina que diriges una pyme que factura 600.000 € al año y obtiene un beneficio de 60.000 €. El negocio funciona, tienes clientes y ha llegado el momento de invertir para seguir creciendo.

Vas al banco, presentas tus cuentas y esperas una respuesta positiva. Al fin y al cabo, tu empresa gana dinero.

Sin embargo, el banco no lo ve tan claro.

¿Por qué? Porque tener beneficios no significa necesariamente que tu empresa pueda asumir más deuda.

Y aquí está una de las diferencias más importantes entre cómo muchos empresarios valoran la salud de su negocio y cómo la analiza una entidad financiera.

Dos empresas, los mismos beneficios y una gran diferencia

Vamos a verlo con un ejemplo.

Tenemos dos empresas del mismo sector. Ambas facturan 600.000 € anuales y obtienen 60.000 € de beneficio neto. Si únicamente mirásemos su cuenta de resultados, podríamos pensar que están en una situación muy parecida.

Pero veamos qué ocurre cuando analizamos sus finanzas con un poco más de detalle.

Indicador

Empresa A

Empresa B

Facturación anual

600.000 €

600.000 €

Beneficio neto

60.000 €

60.000 €

Dinero disponible en el banco

90.000 €

12.000 €

Deuda financiera pendiente

40.000 €

180.000 €

Pagos anuales de deuda

12.000 €

42.000 €

Plazo medio de cobro

30 días

90 días

Ejemplo ilustrativo con datos ficticios.

Ahora la situación cambia bastante, ¿verdad?

La empresa A dispone de más liquidez, tiene menos deuda y cobra antes a sus clientes.

La empresa B, por el contrario, necesita esperar tres meses para cobrar sus ventas, tiene menos dinero disponible y debe destinar una parte importante de sus recursos a devolver préstamos anteriores.

Imagina que uno de sus principales clientes se retrasa un mes en pagar. ¿Cuál de las dos empresas crees que estará mejor preparada para seguir pagando nóminas, proveedores y cuotas bancarias?

Las dos empresas ganan lo mismo, pero no tienen la misma capacidad para afrontar sus obligaciones.

Eso no significa que el banco vaya a aprobar automáticamente la financiación de la empresa A y rechazar la de la B. Hay muchos otros factores que intervienen en una decisión de crédito.

Pero explica por qué analizar únicamente el beneficio puede darnos una imagen incompleta de la situación financiera de un negocio.

¿Qué mira realmente un banco cuando le pides financiación?

Aunque cada entidad tiene sus propios criterios y modelos de riesgo, hay varios aspectos que suelen tener especial importancia.

1. ¿Generas dinero o simplemente estás facturando?

Esta es probablemente una de las preguntas más importantes.

Puedes cerrar una venta de 30.000 € hoy y no cobrarla hasta dentro de 90 días. Contablemente, esa operación puede generar ingresos y beneficio, pero el dinero todavía no ha llegado a tu cuenta.

Mientras tanto, tus empleados, proveedores y demás gastos siguen esperando su pago.

Por eso los bancos prestan atención a la capacidad de tu negocio para convertir sus ventas en dinero disponible.

No basta con vender mucho. También importa cuánto tardas en cobrar, cuánto necesitas gastar para mantener la actividad y qué parte del dinero generado queda realmente disponible.

2. ¿Cuánta deuda puedes permitirte?

Supongamos que tu empresa genera 75.000 € al año de caja disponible para devolver préstamos y pagar intereses.

Actualmente, debes destinar 50.000 € anuales a esas obligaciones.

Eso significa que generas 1,50 € por cada euro que tienes que pagar.

En términos financieros, estaríamos hablando de un DSCR de 1,5, un indicador que relaciona el flujo de caja disponible con los pagos de principal e intereses.

No necesitas memorizar estas siglas. Lo importante es entender la pregunta que hay detrás:

Después de pagar los gastos necesarios para mantener tu negocio, ¿te queda dinero suficiente para devolver lo que debes?

Y, sobre todo, ¿seguiría siendo así si las ventas bajaran o los costes aumentaran?

Un resultado superior a 1 indica que existe cobertura de los pagos según las hipótesis utilizadas, pero no garantiza que un banco apruebe la operación.

3. ¿Cuánto dependes de cobrar a tiempo?

Volvamos al ejemplo de la empresa B.

Sus clientes pagan a 90 días, pero imaginemos que sus proveedores exigen el pago a 30 días.

Esto significa que la empresa debe encontrar la forma de financiar el período que transcurre entre ambos momentos.

Cuanto más crezca su actividad, más dinero podría necesitar para cubrir ese desfase.

Es una situación bastante habitual: tu empresa vende más, pero cada mes parece que necesita más dinero para funcionar.

Aquí entra en juego la gestión del capital circulante, que no es otra cosa que controlar los recursos que tu negocio necesita para mantener su actividad diaria.

4. ¿Son estables tus ingresos?

Imagina dos negocios que facturan 500.000 €.

El primero tiene una cartera amplia de clientes que compran regularmente. El segundo depende de dos grandes contratos que representan el 80 % de sus ventas.

Aunque sus resultados sean similares, sus riesgos son diferentes.

¿Qué pasaría si uno de esos dos clientes decidiera cambiar de proveedor?

Por eso es importante conocer cuánto depende tu facturación de determinados clientes, si tus ingresos son recurrentes y cómo evoluciona la demanda a lo largo del año.

Un buen resultado puntual no siempre es suficiente para demostrar que podrás mantenerlo en el futuro.

5. ¿Cómo has gestionado tus obligaciones hasta ahora?

Los bancos también revisan tu endeudamiento existente y tu historial financiero.

En España, por ejemplo, las entidades pueden consultar la información de riesgos crediticios recogida en la CIRBE del Banco de España.

Pero no todo se reduce a consultar una base de datos.

Tus cuentas anuales, la evolución del negocio, los compromisos pendientes y la información que puedas aportar sobre tu actividad ayudan a construir una imagen más completa de tu empresa.

El problema de pedir financiación cuando ya necesitas el dinero

Imagina ahora que tu empresa acaba de conseguir un contrato importante.

Es una buena noticia: más ventas, nuevos clientes y la oportunidad de crecer.

Pero para cumplirlo necesitas comprar materiales, contratar personal y afrontar varios meses de gastos antes de recibir el primer cobro.

Si no has previsto esa necesidad, puede que termines buscando financiación cuando tu tesorería ya está bajo presión.

Y ese no suele ser el mejor momento para empezar a comparar ofertas, negociar condiciones o decidir qué tipo de financiación necesita tu empresa.

La alternativa es sencilla en concepto, aunque requiere cierta disciplina: anticipar cuándo vas a necesitar dinero y cuánto necesitarás.

Una previsión de tesorería de las próximas 13 semanas, por ejemplo, permite visualizar los cobros y pagos previstos y detectar con antelación posibles tensiones de liquidez.

No hace que desaparezcan los problemas, pero te da tiempo para tomar decisiones antes de que se conviertan en urgencias.

Cómo preparar tu empresa antes de acudir al banco

La buena noticia es que mejorar tu situación financiera no siempre requiere aumentar las ventas.

Hay varias medidas que puedes empezar a aplicar:

Revisa cuánto tardas en cobrar. Si tus clientes pagan a 90 días, estudia si puedes reducir ese plazo, mejorar el seguimiento de facturas o negociar condiciones diferentes.

Ten claro cuánto debes y cuándo debes pagarlo. No basta con conocer la deuda total. Necesitas saber qué importes vencen cada mes y cómo afectan a tu tesorería.

Prepara una previsión de caja. Incluye los cobros previstos, los gastos operativos, los impuestos, las inversiones y las cuotas de tus préstamos. Así podrás detectar necesidades antes de que aparezcan.

Comprueba qué pasaría si las cosas no salen como esperas. ¿Podrías mantener los pagos si tus ventas disminuyeran un 15 %? ¿Y si tu principal cliente se retrasara 30 días?

Mantén tus indicadores financieros actualizados. No esperes al cierre anual para descubrir cómo está evolucionando tu rentabilidad, liquidez o endeudamiento.

No se trata de preparar unas cuentas bonitas para enseñar al banco. Se trata de conocer tu negocio lo suficientemente bien como para saber cuánto puedes invertir, cuánto puedes financiar y qué riesgos puedes asumir.

La financiación empieza antes de entrar en una oficina bancaria

Volvamos por última vez a nuestras dos empresas.

Ambas obtenían 60.000 € de beneficio. Sin embargo, una tenía más liquidez, menos deuda y mayor capacidad para afrontar imprevistos.

La diferencia no estaba en cuánto vendían, sino en cómo gestionaban sus recursos financieros.

Y precisamente ahí es donde el controlling financiero puede marcar la diferencia.

No se trata únicamente de saber cuánto has ganado. Se trata de entender por qué has ganado esa cantidad, dónde está tu dinero y qué decisiones puedes permitirte tomar.

En Financiae ayudamos a pymes y autónomos a tener esa visión mediante el análisis de rentabilidad, el control de tesorería y la planificación financiera.

Porque cuando conoces tus números y puedes anticiparte a lo que viene, no solo estás mejor preparado para solicitar financiación.

También estás mejor preparado para dirigir tu empresa.

Si quieres conocer mejor la situación financiera de tu negocio y empezar a tomar decisiones con mayor claridad, solicita una consulta gratuita.